En algún lugar entre los pinos y el océano, una villa abre sus ventanales a las dunas de Comporta. Aquí, uno se viste como respira, con sencillez, con precisión.
Las paredes son blancas, el suelo fresco bajo los pies descalzos. La luz de la tarde entra por los grandes ventanales y dibuja líneas perfectas sobre el microcemento. Un libro abierto en el sofá de lino. Una taza de café en la terraza, entre los pinos marítimos.
Esta colección es esa mujer que cruza el salón con una camisa abierta, que sale a la terraza con un vestido ligero, que camina hasta las dunas con un pantalón fluido. No necesita nada, solo piezas que respiren con ella.
Arena, lino, terracota clara. Materiales que viven. Cortes que se mueven. La elegancia de no forzar nada.