El puerto, las casetas de playa. Un fin de semana, dos escenarios.
Un puerto donde los veleros repiquetean con el viento. Las Planches, donde las cabinas llevan nombres de leyenda. Dos escenarios, un solo fin de semana, un guardarropa que los acompaña.
El mar no se cuenta en una sola imagen. Está el puerto —los mástiles, las cuerdas, la madera rubia de los pantalanes, esa elegancia náutica que nunca se fuerza. Están las Planches —las casetas blancas, los parasoles de cinco colores, ese paseo mítico donde se camina contra el viento con la sensación de estar en una película.
Y luego están las calles de atrás. Las villas con entramado de madera, los bow-windows, los tejados de pizarra. La arquitectura de la Belle Époque, cuando la ciudad era el patio de recreo de la aristocracia parisina. Hoy, es el nuestro.
Hemos concebido esta colección como un fin de semana en Deauville. Prendas marineras para el puerto. Prendas luminosas para las Planches. Y una mujer que pasa de un lugar a otro sin cambiar de identidad —porque el verdadero estilo es eso: ser la misma en todas partes.
Azul marino, blanco, rojo parasol, arena dorada. Materiales que resisten el viento normando. Cortes que se mueven con ella.